Lily Allen, “ni chicha ni limoná”

De momento en este blog hemos visto la apropiación por parte de artistas mainstream de elementos característicos del indie en los casos de Shakira y Christina Aguilera. El hecho de nutrirse de un código de interpretación más elevado, y de las peculiaridades de un segmento con un estética más arriesgada y vanguardista, tanto en lo musical como en lo visual, dota la imagen de los artistas masivos de una personalidad diferenciada, transgresora, y con ese punto de inaccesibilidad tan deseable que apela a los sentimientos aspiracionales del consumidor.

Vamos a analizar ahora un caso en el que la imagen de marca hibrida elementos del mainstream y del indie pero desde su mismo origen.

Se trata de la cantante inglesa Lily Allen, un producto musical postmoderno pionero en el posicionamiento mixto. En lo musical Allen sería una cantante pop de lo más común sino fuese porque adorna sus canciones con una extensa variedad de influencias provenientes de la música alternativa, pero sin casarse estilísticamente con ninguna de ellas y suavizado sus estridencias. El eclecticismo de sus discos se debe a que en ellos cada canción es tratada de una forma diferente en el proceso grabación y mezcla. Digamos que Allen escribe el esqueleto del tema, luego lo colorea en el estudio junto al productor, y finalmente se plantea como llevar esa música al directo. En términos generales la música de Allen es un producto amable repleto de pequeñas pinceladas indie en tonos pastel.

Su estética visual también utiliza esa misma paleta de colores suaves, combinando la imagen de niña buena que no nunca ha roto un plato con unas letras que pasan de largo la inocencia y se instalan a cobijo de un ácido sentido irónico.

Como toda diva pop que se precie Allen también juega con su físico a la hora de confeccionar el código genético de su marca. Pero a diferencia de otras artistas, la cantante rompe las bases del canon de belleza estándar reivindicando el atractivo de unas formas femeninas “naturales”. Podríamos decir que Lily Allen es la chica Dove del mundo de la música, y que explota ese valor para empatizar con un público cansado de un decálogo de belleza femenina demasiado estricto. Un ejemplo de la utilización de su imagen es la portada de este mes en la revista británica GQ, donde Allen despliega sin pudor toda la sensualidad de sus encantos de mujer “real”.

Sin duda Lily Allen ha sabido explicarse a si misma a partir de un campo semántico lleno de neologismos, que pese a ser controvertido, ha conectado a la perfección con un nuevo segmento de mercado. Podemos ver a la perfección todos los elementos de ese innovador posicionamiento en el videoclip del primer single de It’s Not Me, It’s You, su segundo disco de estudio.

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2 comentarios

  1. Interesante… a mí Allen me recuerda a Kate Nash pero no sé si se trata de la misma estrategia ¿también ves a Nash como un producto mixto o crees que es una artista indie a la que la canción “Foundations” le ha jugado una “mala pasada”?

    • Hola Francesc,

      Pese a que mi conocimiento sobre Kate Nash no es demasiado exhaustivo sí que creo que tiene un rollo muy parecido a Lily Allen y compiten en la misma categoría.

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