Kanye y la botella…

El 13 de septiembre de de 2009 Kanye West la lió gorda en la gala de los MTV Music Video Awards. El artista de Chicago cruzo la alfombra roja con su espectacular mujer de la mano, y una botella de coñac de la otra. Los flashes se disparaban como luciernazas en celo en el fotocall, y West posaba con la seguridad que te otorga que una moza con más curvas que la Pedrera sea tu acompañante. Entre foto y foto West hincaba el codo dando largos tragos de la botella.

La verdad es que era bastante chocante ver a alguien beber sobre el terciopelo escarlata, pero todo el mundo dio por hecho que solo se trataba de una de las excentricidades de Kanye. Nadie podía esperar que una vez en el auditorio West subiría al escenario e interrumiría la entrega del premio al mejor video musical, arrebatándole el micro a Taylor Swift, la ganadora, y declarando en público que Beyonce y su clip de All the single ladies merecia ganar ese galardón. El ilustre abucheo la bochornosa irrupción, y Beyonce en su butaca ponía cara de incredulidad y de vergüenza. El acontecimiento se habría quedado en anécdota de mala educación si nadie se hubiese puesto las gafas de ver de cerca, analizando los pormenores del acontecimiento. Pero no fue así.

En estados unidos es ilegal beber de una botella en público, o como mínimo esa es a lección que hemos aprendido del cine, donde los vagabundos cubren sus etílicos brebajes con una bolsa de papel. Así pues, el hecho de ingerir líquido de una recipiente a pecho descubierto, con la etiqueta perfectamente visible, y siendo grabado y fotografiado por miles de cámaras pude que tuviese algún oscuro propósito más allá de la búsqueda de la ebriedad, o el aprecio por las cualidades organolépticas de su contenido.

Cualquier misterio residía en averiguar que bebía Kanye, y tras ojear un par de fotografías no fue difícil averiguar que se trataba de coñac de la marca Henessy, perteneciente al grupo de bienes de lujo francés LVMH, o más conocido como Louis Vuitton Moët Hennesy. Las glándulas salivares del coolhuner se ponían a trabajar a toda máquina… ¿Podría ser que la ocurrencia de Kanye fuese una controvertida acción de marketing de guerrilla? Solo una marca desesperada podría intentar una maniobra tan arriesgada, aunque, tratándose de coñac, una de las bebidas alcohólicas en mayor decadencia del universo etílico, todo podía ser… Solo faltaba encontrar una relación clara entre LVMH y la persona de Kanye West para poder dar cuerpo a la hipótesis de la desesperada estrategia de mercadotecnia. Tampoco fue difícil.

De todos es sabido que el cantante, rapero y productor es amigo personal de Takashi Murakami, un renombrado artista japonés que no hace mucho presentó una espectacular exposición en la Tate Gallery de Londres. Entre sus muchos trabajos Murakami ha colaborado estrechamente con West ilustrando las portadas de algunos de sus discos, y también es famosa su revisión del monograma de Louis Vuitton bajo su personal y colorista punto de vista basado en la cultura pop japonesa.

Con la figura de Murakami como intermediario, nexo, y celestino entre West y LVMH finalmente todas las piezas encajaban, confirmando la tesis que el caso de Kanye y la botella no era un hecho anecdótico, sino una meticulosa acción de marketing con el objetivo de reposicionar una marca de coñac al borde de la obsolescencia. ¿Que soporte más idóneo podría encontrar una bebida de tan envejecido target como Hennesy para dirigirse a un segmento joven y transgresor, y ampliar así la cuota de mercado?

Como uno de los personajes clave del New Mainstream, Kanye West reune altos niveles de notoriedad, pero a la vez es una figura relevante para un segmento de público sensiblemente más transgresor y permeable al cambio que el de otros artistas masivos. Por otra parte la cobertura de la que gozaba el evento era inmejorable.

Todo habría funcionado a la perfección si alguno de los avispados estrategas de LVMH hubiesen cambiado el contenido de la botella por inofensivo mosto, y Kanye no hubiese protagonizado el vergonzante espectáculo con la pobre Taylor Swift, fruto de sus desmedidas ansias de protagonismo y su “accidental” ebriedad. Lo que está claro es que la colabroación entre el grupo Louis Vuitton y Kayne West tiene bastantes número de ser mucho más que una paranoia conspirativa.

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2 comentarios

  1. super bueno este post! nunca me había parado para pensar en eso…

  2. El dia que aquest noi arribi al nivell de Janis Joplin, que va aconseguir reflotar el whisky Southern Comfort perquè en una mà i tenia el micro i a l’altra l’ampolla…

    Salut mestre!

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