Arte a lo bestia

Da un poco de rabia tener que hablar tan a menudo de Animal Collective pero es que la banda de Baltimore no para de engrosar su leyenda a cada paso que da.

La última es la performance que protagonizaron el pasado día 4 en el Guggenheim de Nueva York junto al video artista Danny Perez, para conmemorar los 50 años del museo. Transverse Temporal Gyrus fue el título del espectáculo conceptual que convirtió las distintas plantas del edificio de Frank Lloyd Wright en una espiral de luz color y psicodelia digna de la ceremonia de inauguración de los juegos olímpicos más fastuosos.

No erosionaré mi epidermis digital aporreando las gastadas teclas de mi macbook para intentar describir al detalle lo que allí sucedió, porque, si como decía Frank Zapa “hablar de música es como bailar de arquitectura”, hablar de arte es como esculpir de cine… Y eso ya lo hacia Rodin.

Divagaciones lingüísticas y juegos semánticos al margen la alianza Guggenheim-Animal Collective dice mucho del tiempo en que vivimos, si se tiene la voluntad y la peicia de leer entre líneas.
Hay quien contrata a un payaso, a un mago, o un técnico en globoflexia para amenizar su fiesta de cumpleaños. El Guggenheim contrata a Animal Collective. No es un hecho casual que el museo de arte contemporáneo más relevante de mundo quiera contar con los servicios de la banda indie experimental más relevante del mundo para celebrar su aniversario, pero sí es un echo analizable, puesto que eleva a Animal Collective a la categoría de arte.

Para aquellos que hayan pasado los últimos meses encerrados en una cabaña en las montañas hay que decir que el último disco de los de Baltimore, titulado Merriweather Post Pavilion, ha sido considerado por la mayoría de las publicaciones musicales indes del  planeta como uno de los mejores discos del año, y el grupo ostenta el título honorífico de mejor banda alternativa del momento, según la facción del alternativismo que defiende las esencias de una música independiente críptica, compleja, y minoritaria. El True Indie, o indie “verdadero”, como lo bauticé en posts anteriores, es la corriente encabezada por la publicación online Pitchfork, responsables, en parte, del gran auge de una banda que seguramente en décadas anteriores habría pasado por el mundo de la música sin alcanzar las cotas de éxito que ha adquirido en la actualidad.

Con la iniciativa del Guggenheim de celebrar su medio siglo de vida con un espectáculo codirigido por Animal Collective, no solo se encumbra a la banda, otorgándole un aura de credibilidad a toda su obra, sino que se legitima el segmento del indie que este grupo lidera. Ahora aquellos quienes defienden la pureza del indie auténtico ya pueden decir que sus artistas no solo engrosan los carteles de los festivales sino que también se exhiben en los museos.

La falla que separa ambos bandos del “indie” se hace cada día más ancha, pero rencillas familiares a parte, lo que sí podemos constatar es que la música alternativa en amplio espectro cada vez va ganando más terreno e influencia no solo en los espacios de ocio y consumo, sino también en los del arte.

Nota para el futuro: En Barcelona esa cayendo una nevada del carajo!

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