Lirismo en 16 bits

17/03/2010 - Leave a Response

“Definitely computer games do not affect kids. I mean if Pac Man affected us as kids, we’d all be running around in darkened rooms, munching pills, and listening repetitive music.” Kristian Wilson, CEO, Nintendo, 1989

Utilizar las pegadizas cancioncitas de los videojuegos de los 80 como inspiración para producir música electrónica viene siendo una constante en los últimos años. Es obvio que toda una generación de artistas fueron influenciados por los sonidos que emitían sus maquinitas mientras intentaban rescataban princesas pixeladas, ingerían cocos a destajo, o salvaban a la tierra de las garras de disciplinadas hordas de invasores espaciales alienígenas. Todas esas melodías reproducidas en loop, una vez tras otra, calaron en lo más hondo de las tiernas mentes infantiles de los futuros creadores y afloran como predisposición estética en la actualidad, consciente o inconsciente.

Lo que empezó como influencia generacional ha acabado cristalizando como algo más que eso. La música 8-bits se ha convertido en un estilo musical compacto, que se nutre de los sonidos de samplers, o audio real de máquinas míticas como la Game Boy. El hecho de estar perfectamente alineada con la macro tendencia nostálgica y ochentera hace que el estilo goze de buena salud, y que vivamos una auténtica ola de lo-fi digital y sonidos tan pixelados como sus gráficos coetáneos.

Pero hay vida prototecnológica mas allá de los 8-bits. Los 16-bits llegaron al mundo de los videojuegos domésticos en el 1988 de la mano de la Sega Mega Drive. Técnicamente solo estaba un paso por delante de su antecesora, con algo más de definición, pero todavía a años luz de la era del megapíxel. Su artista paradigmático es Kavinsky, quien esta a pocas semanas de lanzar su nuevo Ep titulado Nightcall.

Dicen las notas de prensa que Kavinsky es un zombie que volvió al mundo de los vivos tras un terrible accidente de coche en 1986 mientras conducía su flamante Ferrari Testarrossa. La verdad es que Kavinsky no es más que un personaje creado por la  imaginación de Vincent Belorgey, pero una vez más, si un  storytelling es coherente con el producto que pretende vender acaba funcionando.

Muchas bandas construyen un stroytelling más o menos basado en la realidad, para elevar su aura creativa, dar carnaza a los periodistas musicales y tema de conversación a los fans. Pero en el caso de Kavinsky es interesante ver como se genera un storytelling absolutamente ficcionado, creando un personaje que bien podría ser el protagonista de un cómic para modernos.

En realidad Kavinsky nació después que el productor de música electrónica francés Mr Oizo, famoso por poner música a una conocida campaña de Levi’s, le dejase prestado un Mac. Belorgey empezó a componer, inspirado por los videojuegos de coches que tanto le gustaban de niño y las bandas sonoras de Giorgio Moroder, Harold Faltermeyer y toda esa música efectista y retro que ambientaba películas de los 80’s como Top Gun o Superdetective en Hollywood.

Kavinsky es el artista isnigina de los 16-bits puesto que sus canciones utilizan casi exclusivamente un emulador virtual del famoso sintetizador Yamaha DX7, todo un clásico puesto que fue el primer sintetizador que basaba la generación de su abanico sonoro en las ondas FM, con una resolución de solo dieciséis dígitos binarios. Es por eso que la paleta cromática de Kavinsky es en esencia la misma que la empleada en bandas sonoras de videojuegos míticos de la Mega Drive como Out Run, Virtua Fighter, Sonic o Shinobi III.

Nightcall será el tercer Ep de Kavinsky después de sus laureados Teddy Boy, o 1986. En el Vincent Belorgey ha contado con la ayuda en la producción del miembro de Daft Punk Guy-Manuel de Homem-Christo. El Ep consta de cinco temas uno de los cuales está remezclado por Dustin N’Guyen, seudónimo bajo el que los expertos especulan que se esconde la alargada mano de Xavier de Rosnay, o más conocido como la mitad barbilampiña de el dúo Justice.

Como veis, una vez más en París, las élites creativas son más endogámicas que los personajes de Hospital Central. El EP Nightcall en formato vinilo ya se puede encargar en la  pagina web de la discográfica Record Makers (sello que pertenece a Air), iTunes fecha  su lanzamiento en formato digital  el 26 de este mismo mes, y a primeros de Abril podremos comprar Nigthcall en las tiendas.

De todas formas, como casi siempre, todos los temas del Ep han sido filtrados y colgados en Youtube, aquí están los títulos debidamente linkeados. Pero para los neófitos recomiendo un visionado previo del videoclip que relata el electrificado storytelling de Kavinsky.

Nightcall – Kavisnky (2010)

  1. Nightcall
  2. Pacific Coast Highway
  3. Pacific Coast Highway (Jackson Remix)
  4. Nightcall (Dustin N’Guyen Remix)
  5. Nightcall (Breakbot Remix)

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Arte a lo bestia

08/03/2010 - Leave a Response

Da un poco de rabia tener que hablar tan a menudo de Animal Collective pero es que la banda de Baltimore no para de engrosar su leyenda a cada paso que da.

La última es la performance que protagonizaron el pasado día 4 en el Guggenheim de Nueva York junto al video artista Danny Perez, para conmemorar los 50 años del museo. Transverse Temporal Gyrus fue el título del espectáculo conceptual que convirtió las distintas plantas del edificio de Frank Lloyd Wright en una espiral de luz color y psicodelia digna de la ceremonia de inauguración de los juegos olímpicos más fastuosos.

No erosionaré mi epidermis digital aporreando las gastadas teclas de mi macbook para intentar describir al detalle lo que allí sucedió, porque, si como decía Frank Zapa “hablar de música es como bailar de arquitectura”, hablar de arte es como esculpir de cine… Y eso ya lo hacia Rodin.

Divagaciones lingüísticas y juegos semánticos al margen la alianza Guggenheim-Animal Collective dice mucho del tiempo en que vivimos, si se tiene la voluntad y la peicia de leer entre líneas.
Hay quien contrata a un payaso, a un mago, o un técnico en globoflexia para amenizar su fiesta de cumpleaños. El Guggenheim contrata a Animal Collective. No es un hecho casual que el museo de arte contemporáneo más relevante de mundo quiera contar con los servicios de la banda indie experimental más relevante del mundo para celebrar su aniversario, pero sí es un echo analizable, puesto que eleva a Animal Collective a la categoría de arte.

Para aquellos que hayan pasado los últimos meses encerrados en una cabaña en las montañas hay que decir que el último disco de los de Baltimore, titulado Merriweather Post Pavilion, ha sido considerado por la mayoría de las publicaciones musicales indes del  planeta como uno de los mejores discos del año, y el grupo ostenta el título honorífico de mejor banda alternativa del momento, según la facción del alternativismo que defiende las esencias de una música independiente críptica, compleja, y minoritaria. El True Indie, o indie “verdadero”, como lo bauticé en posts anteriores, es la corriente encabezada por la publicación online Pitchfork, responsables, en parte, del gran auge de una banda que seguramente en décadas anteriores habría pasado por el mundo de la música sin alcanzar las cotas de éxito que ha adquirido en la actualidad.

Con la iniciativa del Guggenheim de celebrar su medio siglo de vida con un espectáculo codirigido por Animal Collective, no solo se encumbra a la banda, otorgándole un aura de credibilidad a toda su obra, sino que se legitima el segmento del indie que este grupo lidera. Ahora aquellos quienes defienden la pureza del indie auténtico ya pueden decir que sus artistas no solo engrosan los carteles de los festivales sino que también se exhiben en los museos.

La falla que separa ambos bandos del “indie” se hace cada día más ancha, pero rencillas familiares a parte, lo que sí podemos constatar es que la música alternativa en amplio espectro cada vez va ganando más terreno e influencia no solo en los espacios de ocio y consumo, sino también en los del arte.

Nota para el futuro: En Barcelona esa cayendo una nevada del carajo!

Alice to the Underground

01/03/2010 - 3 comentarios

Alice in Wonderland es el nuevo proyecto cinematográfico de Tim Burton y Disney, quienes pretenden revisitar el universo de Lewis Carroll en una película de actores de carne y hueso. En el nuevo film, que se estrenara oficialmente en Reino Unido y EUA el próximo 5 de marzo, aparecerán los personajes más carismáticos del cuento Carroll, como el Conejo Blanco, el Sombrerero Loco, la reina de Corazones o Cheshire el Gato, quienes también fueron protagonistas de la película clásica que Disney estrenó en 1951.

Dos años atrás a nadie le sorprendió el anuncio que Tim Burton sería  quien se haría cargo del proyecto, puesto que el imaginario hiperfantástico de las aventuras de Alicia cuadran a la perfección con la particular visión del director californiano. Burton abordaría el jugoso universo de Carroll y lo reconstruiría a su manera, utilizando el carisma de sus personajes y la naturaleza onírica de la historia para convertirla en un mundo a su medida, donde la estética gótica típica de sus películas se fusionase con la iconografía victoriana propia del relato original, creando así un entorno visual y narrativo de una riqueza sin precedentes.

Esta vez Disney creyó en el proyecto desde un inicio. Lejos quedaban los tiempos en que Tim Burton era el tipo rarito en la periferia creativa de los estudios, y el proyecto de Pesadilla antes de Navidad era  desterrado a la filial Touchstone Pictures por ser considerada un producto menor y poco alineado con la filosofía de la compañía. Con el tiempo, Disney vio como el film protagonizado por Jack Skeleton era uno de sus productos más rentables y se convertía en una película de culto para niños y adolescentes de todo el mundo. Diecisiete años después de su estreno la esquelética imagen de su protagonista sigue explotándose en forma de merchandising y ha sido adoptada como icono clave del imaginario de tribus urbanas tan globales y comercialmente suculentas como los emos.

Disney ha aprendido la lección. Sabe que en los nuevos tiempos todo aquello que huela a mainstream ya no es cool, y que el público demanda ese toque undergound que antes quedaba relegado a películas de autor destinadas al consumo exclusivo de pequeños nichos. Sabe que quizás las películas de culto no revientan taquillas, pero rinden de maravilla en forma de gadgets y merchandising, sus seguidores son fieles embajadores de marca, y tienen un más largo recorrido comercial. Así pues con Alice in Wonderland van a emplear todo lo aprendido para exprimir al máximo su nuevo producto.

1-Dar manga ancha a Burton: Quizás no sea la gallina de los huevos de oro, pero sí la de los huevos de plata, y eso en tiempos de crisis es un tesoro. La estética de Tim Burton ha calado hondo en un segmento de público que ha pasado de ser minoritario a ser casi masivo en la actualidad. Además saben muy bien que Burton puede ser una de las figuras clave a la hora de reconstruir la envejecida imagen de marca de Disney.

2-El merchandising es la clave: Disney prepara una cantidad de productos derivados de la película mucho más elevada de lo que ya es habitual, entre las que se encuentran una línea de ropa diseñada por Avril Lavigne, y una línea de joyería firmada por Swarovski. También pretenden lanzar varios videojuegos, y apostar firmemente para que Cheshire the Cat se convierta en su poderoso nuevo icono, y se bata en duelo felino con Hello Kitty por el trono del mercado de las licencias.

3-Seducir a los evangelizadores: Con fenómenos como Pesadilla antes de Navidad, o La Novia Cadáver, Disney ha tenido todo el tiempo del mundo para recabar gran cantidad de datos sobre los gustos del target burtoniano. Con esa información es mucho más fácil elaborar un producto coherente que impacte en el público de forma transversal. La decisión de que Avril Lavigne sea la autora de la canción central de la película no es aleatoria ya que la cantante canadiense es una de las artistas más relevantes para el segmento al que se dirige el film. Otros grupos musicales y artistas de naturaleza eminentemente neorromántica como Tokyo Hotel o Robert Smith, líder y cantante de The Cure, también han compuesto temas para la BSO de la película. Con esta maniobra Disney se garantiza llegar de forma directa y contundente al núcleo del target y asegurarse así una legión de fieles fans dispuestos a evangelizadar a sus congéneres.

Ahora solo queda sentarnos a escuchar el tic tac del reloj esperando a que Alice in Wonderland caiga por la madriguera del conejo blanco… Y a que caiga de pie…

19.21.2.9.18.1.20.5.14.4.5.18

17/02/2010 - 17 comentarios

La licuadora de Bauman saca humo… Ya nada es lo que parece y todo parece lo que no es. Vivir en estos tiempos de locos es como caminar por la cámara de los espejos de un antiguo parque de atracciones después de haber desayunado un par de onzas de Lucy in the Sky with Diamonds.

Tras esta poética introducción os voy a presentar una de las campañas virales más misteriosas de los últimos años. Todo empezó en diciembre con un video de 55 segundos, repleto de atmósferas orgánicas y sugerentes en el que se intuía el nacimiento de una extraño ser. A principios del nuevo año otro video apareció como por arte de magia en los inbox de medio universo musical. Lo protagonizaba la misma criatura de melena rubia envuelta en el mismo universo húmedo y onírico, y arropada por extraños sonidos de sintetizador y susurrantes voces femeninas.

La blogosfera no tardó en darse cuenta que estaba delante de una de las campañas virales más bien realizadas de los últimos tiempos, e incluso los más cautos, cínicos, y descreídos bloguers dieron cabida a la noticia en sus bitácoras.

¿Quien es esa mujer salvaje nacida del bosque? ¿Quien era la artista que se escondía detrás de ese personaje?

La estética vanguardista a más no poder olía a modernidad escandinava y se apuntó a los The Kills como responsables. Días después los sospechosos fueron Goldfrapp, aunque muchos lo descartaron por ser la estética de los vídeos mucho más oscura que el luminoso imaginario del dúo inglés. Otros nombres saltaron a la palestra y dos nuevos videos irrumpieron en escena para enmarañar todavía más el caso… Hasta que alguien sugirió lo impensable.

La doncella del bosque podía ser Christina Aguilera. El shock fue instantáneo. ¿Como podía encajar la estética de chicle de fresa de la diva con ese universo raro, incomodo, e hipersaturado? ¿Y las canciones? ¿Tendría intención Aguilera de abandonar su pop de masas por el cripticismo electrónico björkiano? Cierto es que Christina pretende sacar disco el próximo mes, que el título del mismo será Bionical, y que la intención de la artista de reposicionarse acercándose al underground es más que manifiesta, puesto que en la grabación del disco ha contado con la colaboración de Mia, Santigold, Ladytron y Le Tigre, entre otras. Pero… ¿Puede soportar Christina Aguilera una elastificación tan gigantesca de su marca sin que ésta se quiebre en dos?

De momento una de las pistas la dio un periódico israelí al publicar que el talentoso fotógrafo de moda Alix Malka sería el encargado de crear la portada y el artwork del nuevo disco. El universo de referentes de Alix tiene una conocida tendencia hacia la organicidad y el mundo natural.

Pero la última estocada ha venido de la mano de un internauta especialista en criptografía amateur, entrenado a base del concienzudo análisis de capítulo tras capítulo de Lost. El investigador anónimo ha conseguido dar sentido a la extraña progresión numérica que da título a los distintos vídeos sumando las cifras no separadas por puntos y substituyendo los números por su correspondiente letra del orden alfabético. 1=A, 2=B, 3=C…  Y bien, el resultado es el siguiente:

Prelude 699130082.451322 = (38.17) = CH. AG.

9.1.13.669321018 = I. A. M. CH.

9.20.19.13.5.723378 = I.T.S.M.E.C.

13.1.14.4.18.1.7.15.18.1.1110 = M.A.N.D.R.A.G.O.R.A. C

El caso es apasionante no sólo por la intriga que supone descubrir quien es la retorcida mente que se esconde detrás de la campaña viral, ni por las ganas crecientes de escuchar su disco… Si Christina Aguilera es la artista que está detrás de todo esta parafernalia estaremos delante de uno de los lavados de cara más espectaculares de la historia de la industria musical.

Seguiremos informando!

Kanye y la botella…

10/02/2010 - 2 comentarios

El 13 de septiembre de de 2009 Kanye West la lió gorda en la gala de los MTV Music Video Awards. El artista de Chicago cruzo la alfombra roja con su espectacular mujer de la mano, y una botella de coñac de la otra. Los flashes se disparaban como luciernazas en celo en el fotocall, y West posaba con la seguridad que te otorga que una moza con más curvas que la Pedrera sea tu acompañante. Entre foto y foto West hincaba el codo dando largos tragos de la botella.

La verdad es que era bastante chocante ver a alguien beber sobre el terciopelo escarlata, pero todo el mundo dio por hecho que solo se trataba de una de las excentricidades de Kanye. Nadie podía esperar que una vez en el auditorio West subiría al escenario e interrumiría la entrega del premio al mejor video musical, arrebatándole el micro a Taylor Swift, la ganadora, y declarando en público que Beyonce y su clip de All the single ladies merecia ganar ese galardón. El ilustre abucheo la bochornosa irrupción, y Beyonce en su butaca ponía cara de incredulidad y de vergüenza. El acontecimiento se habría quedado en anécdota de mala educación si nadie se hubiese puesto las gafas de ver de cerca, analizando los pormenores del acontecimiento. Pero no fue así.

En estados unidos es ilegal beber de una botella en público, o como mínimo esa es a lección que hemos aprendido del cine, donde los vagabundos cubren sus etílicos brebajes con una bolsa de papel. Así pues, el hecho de ingerir líquido de una recipiente a pecho descubierto, con la etiqueta perfectamente visible, y siendo grabado y fotografiado por miles de cámaras pude que tuviese algún oscuro propósito más allá de la búsqueda de la ebriedad, o el aprecio por las cualidades organolépticas de su contenido.

Cualquier misterio residía en averiguar que bebía Kanye, y tras ojear un par de fotografías no fue difícil averiguar que se trataba de coñac de la marca Henessy, perteneciente al grupo de bienes de lujo francés LVMH, o más conocido como Louis Vuitton Moët Hennesy. Las glándulas salivares del coolhuner se ponían a trabajar a toda máquina… ¿Podría ser que la ocurrencia de Kanye fuese una controvertida acción de marketing de guerrilla? Solo una marca desesperada podría intentar una maniobra tan arriesgada, aunque, tratándose de coñac, una de las bebidas alcohólicas en mayor decadencia del universo etílico, todo podía ser… Solo faltaba encontrar una relación clara entre LVMH y la persona de Kanye West para poder dar cuerpo a la hipótesis de la desesperada estrategia de mercadotecnia. Tampoco fue difícil.

De todos es sabido que el cantante, rapero y productor es amigo personal de Takashi Murakami, un renombrado artista japonés que no hace mucho presentó una espectacular exposición en la Tate Gallery de Londres. Entre sus muchos trabajos Murakami ha colaborado estrechamente con West ilustrando las portadas de algunos de sus discos, y también es famosa su revisión del monograma de Louis Vuitton bajo su personal y colorista punto de vista basado en la cultura pop japonesa.

Con la figura de Murakami como intermediario, nexo, y celestino entre West y LVMH finalmente todas las piezas encajaban, confirmando la tesis que el caso de Kanye y la botella no era un hecho anecdótico, sino una meticulosa acción de marketing con el objetivo de reposicionar una marca de coñac al borde de la obsolescencia. ¿Que soporte más idóneo podría encontrar una bebida de tan envejecido target como Hennesy para dirigirse a un segmento joven y transgresor, y ampliar así la cuota de mercado?

Como uno de los personajes clave del New Mainstream, Kanye West reune altos niveles de notoriedad, pero a la vez es una figura relevante para un segmento de público sensiblemente más transgresor y permeable al cambio que el de otros artistas masivos. Por otra parte la cobertura de la que gozaba el evento era inmejorable.

Todo habría funcionado a la perfección si alguno de los avispados estrategas de LVMH hubiesen cambiado el contenido de la botella por inofensivo mosto, y Kanye no hubiese protagonizado el vergonzante espectáculo con la pobre Taylor Swift, fruto de sus desmedidas ansias de protagonismo y su “accidental” ebriedad. Lo que está claro es que la colabroación entre el grupo Louis Vuitton y Kayne West tiene bastantes número de ser mucho más que una paranoia conspirativa.

New Mainstream: Kanye & Gaga…

01/02/2010 - 3 comentarios

En el post anterior La Guerra del Indie publiqué un esquema, de elaboración propia y casera, que mostraba de forma simplificada el estado del nuevo panorama de la música pop actual. En él se hablaba del nuevo fenómeno de la fragmentación del indie en dos segmentos diferenciados. Pero seguro que los más observadores se percataron que dentro del lugar reservado al Mainstream aparecía atrincherado en un rincón un pequeño sub-segmento al que llamé New Mainstream. En el post pasé por alto la explicación de este nuevo grupo de artistas cuya naturaleza parte de la música masiva pero que toma como referencia multitud de elementos más propios de los segmentos alternativos, indies, o underground.

Primero definamos Mainstream, un concepto de fronteras difusas pero implícitamente identificable. Se trata de la música mayoritaria que podemos ver en el canal principal de la MTV, o que suena en 40 Principales en su manifestación patria. Hablamos de Beyonce, de Madonna, de U2, o de Bisbal… De todos esos artistas situados en la cúspide de la pirámide de la industria discográfica, de los cantantes que llenan estadios y que ofrecen conciertos con pirotecnia y de los que,  desde ligas inferiores manejan reglas y códigos estéticos de naturaleza conservadora, de amplia y fácil aceptación y digestión por parte del grueso de consumidores. Un segmento tan comercial como interesante al que la crítica musical intelectualizada deberían prestar más atención. Valiéndome de un símil cinéfilo diré que tanto hay que ir al Verdi a ver la última de Michael Haneke y tragarse sus tres horas de metraje en alemán, que hacer lo propio con Avatar, el fulgurante milagro tridimensional de James Cameron. Con las dos se disfruta, si eres lo suficientemente aguerrido como para dejar atrás los prejuicios. A mi modo de ver, lo mismo pasa con la música. No hay empacho de Radiohead que no cure una buena dosis de Britney Spears, y viceversa.

Pero centrémonos en el New Mainstream, un singular sub-segmento que viene manifestándose cada vez con más intensidad. Sus orígenes se encuentran en el mainstream, y no podríamos diferenciarlo del mismo si no atestiguáramos elementos que le dan un valor diferencial. Elementos que se basan en tomar prestadas estéticas y campos semánticos pertenecientes al indie. Imagen y música son susceptibles de incorporar esas ingerencias a través de composición, instrumentaciones, arreglos, o estilismos, realizaciones, y puestas en escena.

A mi modo de ver, hay dos artistas que personifican de forma clara la identidad del New Mainstream. Ellos son Kanye West, en el equipo de los chicos, y Lady Gaga, en el de las chicas. Ambos artistas no esconden sus influencias alternativas y las hacen manifiestas en sus canciones. Quien no conoce la sobreexplotación de los vocoders daftpankianos de el bueno de West y sus posteriores colaboraciones con los parisinos, o la devoción de Lady Gaga, la reina camaleónica, por el maestro del disfraz y la androginía, David Bowie. Dudo que Beyonce conozca siquiera la existencia del dúo francés, o del duque del Glam…

Kanye y Gaga han sabido diferenciar su producto para posicionarse y destacar en un mercado hipersaturado de niñas rubias de anatomía neumática, y de raperos malotes con pinta de tener la mano más larga que la lengua, pero más corta que el cañón de su pistola. Su discurso ha incorporado apropiaciones que han roto el monolítico decálogo de la música mayoritaria añadiéndole unas notas de color que les hacen ganar en relevancia y singularidad.

Los nichos de vanguardia encarnados por la cultura indie, alternativa o underground, son y seguirán siendo de forma cada vez más manifiesta el foco de inspiración de un mercado de competencia perfecta en el que la diferenciación y la hibridación de géneros se dan la mano, y con la otra se agarran del paquete.

Con estas palabras concluyo la explicación de mi esquema. Se que es una segmentación cualitativa, subjetiva y opinable pero también lo fue decir que el arco iris estaba formado por siete colores, cuando en realidad es una gradación de infinidad de tonalidades. Queridas damas y caballeros, el mismo lenguaje no es más que un ejercicio de segmentación conceptual, y si no lo hacemos aquí no habrá ni dios que se entienda. Y sino, que se lo pregunten al bueno de Wittgenstein.

Temazo…

La guerra del “indie”

14/01/2010 - 12 comentarios

Hace 13 días que ha empezado la década y en el terreno musical nos encontramos en pleno marasmo ranketiniano. En esta época las cabeceras del sector se disponen a publicar las listas de lo mejor del año. Esta práctica tan característica occidente que consiste en categorizar y jerarquizar el conocimiento es tan controvertida como jugosa para los que, ávidos de información paquetizada, nos disponemos a analizar las ristras de los nombres de los discos más laureados de los últimos 12 meses.

Pero más allá del morbo y la quiniela los rankings son la mejor forma de calar la línea editorial de las distintas revistas del sector, y en el caso de la música alternativa, indie, underground o como dios quiera que la llamemos, esta actividad es particularmente sabrosa.

Es una evidencia que el sector de la música “rarita” está en pleno auge, festivales como Reading, Leeds, y Glastonbury en Reino Unido, Cochella en Estados Unidos, o el Fib y el Primavera Sound en nuestro país, se han convertido en auténticos eventos que no paran de crecer en cuanto a relevancia y número de asistentes. Las series y las películas de difusión masiva también se están haciendo echo de la música alternativa y la permeabilización en el grueso de la sociedad de lo que antes era un nicho va haciéndose cada vez más evidente.

Pero el crecimiento del indie también ha conllevado cambios en el mismo. A medida que este crece y se hace más y más grande también se van dibujando en su interior dos grandes segmentos diferenciados y divididos que se miran por encima del hombro el uno al otro.

Quizás los abanderados de una y otra facción los encarnan Pitchfork por un lado y New Musical Express por el otro. Pitchfork es un medio on-line de Chicago que ha crecido de la mano del sector y que ha ubicado su línea editorial del lado de la música independiente más “madura”, “auténtica”, “compleja”, “arriesgada” y “experimental”, con un claro vínculo estético y conceptual con bandas como Animal Collective, Bon Iver, Fleet Foxes etc. Por el otro lado, la inglesa New Musical Express es la valedora del nuevo “indie de masas” una música más “adolescente” y directa que basa sus códigos de interpretación en reclamos estéticos menos “elevados”. En el entorno se está del lado de unos o de otros y en España la división de los festivales es más que clara. Mientras que el Primavera Sound iría con el equipo de Pitchfork, el Festival Internacional de Benicassim estaría del lado de NME.

Puestos ya en contexto es interesante contraponer los rankings de mejores discos del 2009 que han hecho una y otra cabecera. La conclusión tiene miga porque en los 20 primeros nombres las dos listas tienen una coincidencia del  45%, un fenómeno bastante curioso si tenemos en cuenta que los talibanes de una y otra familia se tragan menos entre sí que Esperanza Aguirre y Gallardón. Todo un lección para los que quieren ser más papistas que el papa y dejan que su criterio sea arrastrado por la simpleza maniquea de las corrientes de opinión.

Gastronomía por un tubo

31/12/2009 - 2 comentarios

La Navidad siempre ha sido tiempo de ingesta calórica y glotonería, pero también es la época cumbre de la delicatessen y el refinamiento gastronómico. Las comidas y cenas familiares se convierten en opulentos banquetes en los que se come y se bebe en exceso, pero los paladares ávidos de los placeres de la buena mesa se preparan para degustar todo aquello que por contención, falta de tiempo, o pudor, no nos atrevemos a comer durante el resto del año

Entre otros muchos manjares en Catalunya es típico comer escudilla y carn d’olla el día de Navidad y canelones en Sant Esteve, pero… ¿Que hace un plato de pasta de claras reminiscencias italianas aposentado en pleno epicentro del recetario catalán? Pues bien, para contar el origen de esta tradición hay que remontarse al 1800, cuando el maestro Gioachino Rossini autor de obras claves del bel canto italiano como El Tancredi, El barbero de Sevilla, o Guillermo Tell, creó una receta de canelones hechos a base de carnes foie gras y bechamel. Rossini además de ser uno de los más célebres compositores de la historia de la música también fue un refinado gourmet cuyo exquisito paladar y fuerte amistad con el gran chef francés y cocinero personal de Napoleón, Antonin Carême, dio fruto a distintas recetas que todavía perduran en la actualidad.

Los canelones Rossini fueron un plato de corte indispensable en el repertorio culinario de los grandes chefs franceses de segunda mitad del siglo XVIII hasta que en 1903 llegaron a la ciudad de Barcelona gracias a la Maison Dorée, un mítico restaurante abierto en la Plaza Catalunya esquina con la calle Bergara, justo en frente de lo que hoy es el Fnac. Fue en este regio establecimiento de la Ciudad Condal de principios del siglo pasado donde según el periodista y gastrónomo Nestor Lujan los canelones del maestro Rossini se popularizaron entre la burguesía catalana.

Lo que empezó como una tendencia para la clase adinerada caló en el imaginario culinario de las clases populares de la ciudad y más tarde en el resto de Catalunya, que vio en la receta de Rossini dos suculentas ventajas; apropiarse del aura de lujo aspiracional de los suntuosos manjares de la corte gala, y aprovechar los restos de carne de la escudella de Navidad, ya tradicional en la época.

En este caso vemos como la innovación de Rossini es amplificada através de un famoso restaurante, consolidada como tendencia por la burguesía catalana, y al alinearse esta con la macrotendencia psicosocial del archiconocido ahorro catalán, convertida en una moda por el resto de la población. Un siglo más tarde, con el paso del tiempo, la naturaleza líquida y voluble de toda moda pasaría a solidificarse para convertir los canelones del maestro Rossini en una verdadera tradición. Y bien, ¿Quien dijo que todas las modas son pasajeras?

Pese a parecer dos disciplinas diametralmente opuestas, música y gastronomía tienen muchos más vínculos de los que se aprecian a primera vista. Ambas artes comunican y emocionan a través de sentidos casi considerados secundarios en estos días de domino tiránico de lo visual. La sensibilidad que requiere saber discernir entre un buen guiso y un buena pieza musical es una virtud que se solo adquieren con el tiempo aquellos quienes estén dispuestos a educar gusto, olfato y oído.

Quizás Rossini sea el personaje que más lejos llevó el entrenamiento simultaneo de las artes culinarias y musicales. Tomemos pues al maestro como referente. Ni decir hace falta que no es necesario que intentemos imitar su genio creativo pero sí su ejemplo a la hora de adentrarnos en las sendas del cultivo y aprecio de la música y la cocina.

Aquellos que sepan diferenciar entre el grave sabor del bajo en una pieza de jazz, las agudas notas de canela y chocolate en un estofado de ternera, la dulce variación de la viola en una sinfonía clásica, o la armoniosa combinación de ingredientes de unos buenos canelones, serán más felices, e incluso más buenos que los que se conforman con llenar la barriga un par de veces al día, o en descargarse el politono de moda para el teléfono móvil.

¡Feliz año a todos los seguidores del blog, en 2010 seguiremos subiendo a tender!

[Youtube http://www.youtube.com/watch?v=6Jv3lL6imzU%5D

Por el poder del Caganer

23/12/2009 - 2 comentarios

Mañana es noche buena y pasado navidad, y este blog, que en definitiva no es más que un espacio de análisis de la cultura pop, no podía soslayar las particularidades de este singular periodo invernal en que los tres pilares  de la cultura occidental se manifiestan hasta su grado sumo y eclosionan en una celebración que desenmascara el verdadero rostro de la sociedad contemporánea. En Navidad las tradiciones cristianas y paganas se entremezclan con el nuevo credo consumista en una alineación de astros que marca el camino de lo que somos y lo que queremos ser. La mirada de Subir a Tender enfoca los hechos desde la perspectiva musical, así que un villancico es el elemento más apropiado a partir de la cual trazar algunos rasgos de una fotografía global.

El villancico del que hablo es El Caganer, un tema escrito y compuesto por Albert Plà bajo encargo de la revista Enderrock que, en su número especial de diciembre, regala a sus lectores un CD llamado Conçons PreNadal, con temas navideños cantados por algunos de los artistas catalanes más destacados. Una de las característica de El Caganer es que ha sido interpretada de forma coral por Gerard Quintana, Estopa, Manel, Quimi Portet (Último de la Fila), Joan Miquel Oliver (Antonia Font), y el mismo Albert Plà; la otra es que este año TV3 y Catalunya Radio han elegido esta nadala como canción navideña oficial del 2009.

Antes de analizar la peculiar música y letra del El Caganer, nos sorprende el casting de los artistas elegidos para cantarla. ¿Los Manel junto a Quimi Portet? ¿Estopa junto a Gerard Quintana?  Algunos de estos nombres son cabeza de cartel de las distintas familias de la música hecha en Cataluña. Familias que se han mantenido en compartimentos estancos durante décadas y que empiezan a olisquearse el trasero unas a otras en la actualidad. La extrañeza se acentúa si tenemos en cuenta que quien ha orquestado el cotarro es la revista Enderrock, publicación cuya férrea línea editorial es guardiana mediática de una de esas familias.

Pero la cosa no queda ahí. Escuchando la letra veremos que en el corazón del estribillo del villancico se esconde una flagrante incorrección lingüística que pervierte las sagradas prescripciones del idioma de Pompeu Fabra. Según Albert Plà y compañía “en un passebre hi ha d’haver-hi un caganer” una redundacia gramatical que avalan TV3 y Catalunya Radio al convertir el jingle en su canción de Navidad oficial, pero que, con toda seguridad, chirriaría en la oreja y en el alma de los puristas.

En el análisis de este caso tenemos dos elementos clave. El primero es una mezcla de artistas catalanes charnegos, puros y mixtos. El segundo es la repetición hasta la saciedad de un uso no normativo pero si frecuente y cotidiano de la lengua, y todo ello difundido y defendido desde la oficialidad mediática del país. ¿Puede que nos encontremos ante un periodo de aperturismo cultural?

Esta es una pregunta que la mayoría de críticos musicales responderían con un sí rotundo. Pero ¿El zeitgeist de la creación catalana es homologable al espíritu político actual? ¿En un tiempo en que se suceden las consultas de independencia, puede que también de forma paralela se esté normalizando la convivencia de los valores de una Cataluña intrínsecamente mestiza? La respuesta se encuentra en el poder de la Navidad y sobretodo, en una macro tendencia crónica incrustada desde el albor de los tiempos en el ADN catalán. El escatologismo.

Son muchos los rasgos distintivos de la cultura patria, pero sin duda uno de los menos cuestionados es la simpatía por lo escatológico. El Caganer es una de las muestras de ese orgullo coprofílico del que está plagada la tradición del país y a la que se le suman el Caga Tió, els pets de monja, o algunos nombres de grupos míticos de la escena rock como Els Pets o Laxa’n’Busto, entre otras incontables referencias a las aguas mayores de las que hace gala el folklore nacional.

Este rasgo catalán, más antiguo que el cagar a cuclillas, ha servido en el villancico como nexo de unión y espacio común entre el imaginario de los distintos artistas y sus valedores mediáticos, lubrificando las ancestrales desavenencias familiares. No queda duda pues que en Cataluña cuando una unicidad creativa se alinea con la macro tendencia escatológica triunfa sin más, y es que puede que este valor sea incluso más poderoso, aglutinador y definitorio que la misma lengua. Y los puristas… a cagar a la era!

La venganza de los Frikis!

24/11/2009 - Una respuesta

No hace mucho tiempo el establishment adolescente excluía a aquellos quienes en vez de jugar un partido de futbol preferían acurrucarse en un rincón y leer por octava vez su cómic favorito de las aventuras del Hombre Araña, a quienes no seguían los rígidos decálogos de la moda de instituto, y a los que vivían romances imposibles dentro de las paginas de un libro de vampiros. Haciendo gala de la crueldad infinita propia de quienes se encuentran perdidos en la encrucijada entre la niñez y la edad adulta se reían de ellos, y cargados del más hondo de los desprecios les llamaban frikis.

En la actualidad la tortilla parece haber dado un giro de 180 grados y lo que antes eran contenidos de nicho emparentados con el mundo de la subcultura, en nuestros días son auténticos fenómenos de masas. Aquel cómic roñoso se ha convertido en los 1001 millones de dólares de recaudación de El Caballero Oscuro, la última película de Batman, o los 885 de Spiderman 3, cuarta y catorceava más taquilleras de la historia respectivamente. Tras el primer fin de semana después del estreno, la segunda entrega de la saga Crepúsculo va por el camino. Luna Nueva ha recaudado en solo tres días la friolera de 140 millones de dólares en Estados Unidos y Canadá, desbancando a los Piratas del Caribe como tercera película más taquillera 72 horas después de su primer pase en los cines.

Sin duda, la saga Crepúsculo más que un fenómeno cinematográfico es un fenómeno social síntoma de un cambio de gustos del consumidor que cada vez demanda productos con campos semánticos más jugosos y menos evidentes. Es cierto que a ojos de alguien que esta fuera de target el romance entre la rarita y paliducha Bella, y Edwar el vampiro imberbe, se parece más a los Amantes de Teruel que a unos Romeo y Julieta modernos… Pero los códigos de interpretación necesarios para entender y conectar emocionalmente con la película no son los mismos que los de hace una década.

Así pues no sorprende que la música también esté teñida de la misma filosofía. Lo obvio ya no vende, o vende menos, así que… ¿Porque no confeccionar una banda sonora repleta de temas pop compuestos por artistas independientes? Al fin y al cabo, se supone que ese tipo de gente eran quienes leían cómics y literatura fantástica en su adolescencia, e incluso puede que lo sigan haciendo… Thom Yorke, Death Cab For Cutie, The Killers, Bon Iver, Muse, OK Go, Grizzly Bear y Editors, son solo algunos e los nombres de las bandas que decoran el trak-list de la BSO de Luna Nueva.

¿Quien ha sido la responsable de unir semejante aglomeración talentos y perfiles comerciales alternativos? Si quieres una banda sonora independiente pero con pegada solo hay una persona a la que recurrir. Se llama Alexandra Patsavas y su consultora/discográfica Chop Shop Records es la responsable de la edición y selección de las canciones que aparecen en series como The OC, Gossip Girl, o Anatomía de Grey. De esta última serie se han hecho distintos recopilatorios que incluso han llegado a ser nominados a los Grammys. Alexandra es una verdadera maestra a la hora de encajar una canción rarita sobre un soporte audiovisual masivo y hacer que ambos se conviertan en todo un éxito. Además los alternativos siempre salen más baratitos oiga…

Quien ríe último ríe mejor. Los frikis de antaño ven como los hijos de quienes les menospreciaban en la adolescencia acuden en masa a los cines a ver películas de superhéroes de capa y leotardo, las hijas de los presidentes de gobierno se visten de bruja, y las de los demás sueñan con enamorarse de un vampiro.

Y bien… ¿Quien es el friki ahora?