Autocrítica Conceptual
13/09/2010

Retomo la actividad en el blog tras un trimestre sabático de reflexión y análisis del entorno. Y justamente hoy, en mi último dia de retiro al Este de Londres, me ha soprendido este video que me dispongo a comentar.

Se llama Being a Dickhead’s Cool, y es un irónico decálogo del lifestyle modernillo, tan crudo como mordaz, en el que se detallan muchas de las actividades, prendas, profesiones, anelos, y aspiracionalidades de la tribu urbana posmoderna por excelencia.

Obviamente el polémico vídeo ha desatado todo su poder viral en la blogosfera, y ha alimentado la discusión en los foros con opiniones de todo tipo, que recomiendo leer encarecidamente. Pero tras la sonrisa inicial que puede desatar la pieza, todavía es más gracioso analizar el caso dando un paso atrás, e intentando ver el fenómeno en su totalidad.

Da la casualidad que todos esos blogs que están dando cobertura al clip son los mismos que hablan de los grupos musicales que escuchan los modernos, y por ende, los mismos que leen los modernos. ¿Qué pequeño acto de masoquismo, no? Hay que ser un poquito moderno para que te guste el vídeo, o como mínimo, moverte por sitios modernos y conocer muy bien su código estético para que te arranque una sonrisa. Esa es la ley básica de la caricatura. Os juro que ni a mi abuela, ni mi madre, ni incluso mi primo el abogado, les haría la más mínima gracia la pieza que nos traemos entre manos.

Quizá la respuesta a todo esto es que los modernos son la única “tribu urbana” autodestructiva. Y me refiero a una autodestrucción conceptual, alcohol y drogas aparte.

No hay un solo moderno que reconozca serlo, más bien todo lo contrario… Incluso se han creado célebres grupos en Facebook como Tu no eres moderno, tu eres gilipollas, o el todavía más rizado, Modernos que se hacen fans de “tu no eres moderno eres gilipollas” a los que los modernos acuden para legitimar su no-modernidad.

Toda una autocrítica de clase que hace a los modernos y a su periferia uno de los segmentos juveniles más interesantes. Es ese acto de flagelación permanente el que genera su característica velocidad estética. Es decir, si algo te identifica como moderno deja de ser moderno, por lo tanto hay que cambiar. Cambiar constantemente.

Los modernos están condenados a reinventarse para no parecerlo. Construyen y reconstruyen su campo semántico, para que la moda no les de caza. Los modernos juegan al pilla-pilla con la moda, y es por eso que marcan tendencia.

Por otro lado,  la autocrítica siempre ha sido un síntoma de inteligencia así que, modernos o no, riámonos de nosotros mismos tanto como podamos a ver si así, con un poco de suerte, nos sube el coeficiente.